Prólogo de Ricardo Fuego

Originalmente encontré este texto en la web www.prole.info hace unos meses. Luego de haberlo leído, hice contacto con el staff de esa web y me ofrecí a realizar la traducción en castellano. Hacía tiempo que no encontraba un texto escrito desde una perspectiva de clase que fuera tan claro, sin caer en diatribas ideológicas o moralismo activista, ajustado a los hechos tanto en su explicación científica como en su apreciación subjetiva por parte de los mismos explotados.

Este trabajo, además, da muestra de la experiencia de su autor (anónimo) en el rubro de restaurantes y su existencia plantea la necesidad de que cada proletario con conciencia de clase aprenda las particularidades del proceso de producción en su lugar de trabajo, pues éste suele determinar el carácter de las agrupaciones obreras en su lucha contra el capital (no sólo en una huelga, sino en la lucha "normal", de todos los días).

En la primera parte del trabajo se nos presenta un interesante recorrido por la historia de los restaurantes así como una descripción de su proceso de producción y su división del trabajo. El capítulo del proceso de producción es especialmente didáctico ya que, adaptado al trabajo concreto de restaurante, nos ofrece una sencilla explicación (y verificación) de la teoría marxiana del valor.

Pero este artículo toca un tema mucho más interesante en su segunda parte. No son nuestras ideas políticas las que nos ponen en antagonismo con la patronal y con el trabajo asalariado, sino el mismo proceso de producción en el cual somos sólo un engranaje generador de plusvalía. Al adoptar una perspectiva de clase, partiendo de nuestra experiencia directa en el lugar de producción más que de ideas previas o adquiridas fuera de él, podemos ver claramente que los métodos de los partidos y los sindicatos no ofrecen soluciones superadoras a nuestra situación como proletarios y, de hecho, aparte de reproducir nuestra condición en la práctica, aportan bastante confusión en cuanto a su análisis teórico.

Los sindicatos nos proponen una asociación en tanto propietarios privados de fuerza de trabajo. En este sentido tener un buen sindicato es como tener un buen abogado; pueden sernos de utilidad para defendernos de los patrones, pero sus intereses y los nuestros no son los mismos. Lo que nos piden a cambio de mayores salarios y mejores condiciones laborales es que sigamos siendo proletarios, es decir, que sigamos cumpliendo el rol de mano de obra asalariada para el capital. Y generalmente ni siquiera cumplen la parte de su acuerdo. Los sindicatos, al ser mediadores entre los capitalistas y el proletariado, se convierten en defensores de las relaciones sociales que generan capitalistas por un lado y proletarios por el otro.

Algo similar pasa con los partidos políticos. Ellos nos ofrecen una comunidad basada en ciertas ideas políticas. En el caso de los partidos obreros, e incluso de las agrupaciones partidarias que proponen la revolución proletaria y el socialismo, tenemos el mismo problema: su orientación es hacia una nueva forma de Estado, un cambio de las relaciones de poder favorable a la clase obrera (lo cual resultará que en vez de ser gobernados por partidos burgueses seremos gobernados por "nuestro" partido). Pero el antagonismo que los proletarios tenemos respecto al capital es más bien social antes que político. Se trata fundamentalmente de la expropiación de nuestra vida por la economía, no de nuestros derechos políticos. Nuestra lucha es contra el capital, es decir, contra el trabajo enajenado (nuestro trabajo convertido en una actividad que escapa de nuestro control y nos domina), no solamente contra la burguesía y sus ezbirros, que son generados y mantenidos por nuestro trabajo enajenado y pueden ser perfectamente reemplazables por otra clase dominante (como se vio en los países "comunistas").

Aunque este texto no avanza demasiado en cuanto a alternativas organizativas superadoras del viejo movimiento obrero, sí le da importancia a un fenómeno observado en los ambientes laborales que suele ser ninguneado o subestimado por el activismo sindical y partidario: la formación espontánea de grupos obreros en base al proceso de producción. El mismo proceso de producción, con su división de tareas diseñada para extraer el máximo de plusvalía posible, al mismo tiempo que aliena a los obreors y promueve el aislamiento y la competencia entre ellos, les obliga a colaborar y a cooperar entre ellos para que el proceso de producción salga adelante. Son muy raros los casos donde relacionarse con la misma gente en el mismo lugar durante 8 horas o más al día no termine generando un interés por conocer al otro como ser humano. Los lazos de solidaridad y complicidad entre proletarios no tienen nada que ver con nuestras ideas políticas (de izquierda, de derecha, liberales, izquierdistas, anarquistas) o nuestros intereses económicos en común (como empleados de tal o cual rubro laboral), sino con nuestra confrontación (consciente o no) como seres humanos contra el proceso de producción y quienes nos lo imponen y se benefician de él.

La comunidad obrera anti-capitalista surge, entonces, del enfrentamiento cotidiano contra el trabajo enajenado. Más allá de nuestras ideas políticas o relaciones familiares, somos hombres y mujeres cuyas necesidades humanas se encuentran en contradicción objetiva con las necesidades de la acumulación capitalista, que son las que dan forma al proceso de trabajo. Nuestras necesidades y capacidades entran en conflicto con la condición proletaria que individualmente nos aparece como impuesta por la coerción económica y estatal, pero que en realidad es reproducida por nuestra autoalienación como clase. El objetivo inherente de nuestra lucha contra el capital no es una explotación "más digna", tampoco un gobierno socialista, o un capitalismo "obrero"/autogestionado, sino la abolición de nuestra condición proletaria y de todo aquello en la sociedad que la hace posible.

Tomar partido por el comunismo no es adherir a tal programa político que proponga una futura sociedad sin clases, sino tomar partido por las tendencias comunistas en la lucha de clases actual, tal como es, tanto en periodos revolucionarios como en periodos no revolucionarios. Como proletarios conscientes que tomamos partido por el comunismo, nuestra labor teórica es la de desarrollar una cosmovisión acorde a la realización plena de nuestras capacidades y necesidades humanas y analizar el movimiento real de la lucha de clases para discernir en él las tendencias comunistas de las continuistas, y este texto es un ejemplo perfecto de ello.

Ricardo Fuego, Marzo del 2008
Círculo Internacional de Comunistas Antibolcheviques
www.geocities.com/cica_web

 

Nota sobre la traducción al castellano

Todas las notas al pie son mías, y generalmente están relacionadas con temas de traducción del inglés al español. Este texto presentó un desafío en cuanto se manejaba en ciertos lugares con jerga del trabajo en restaurantes. He traducido a las "rushes", los períodos en que se acumulan los pedidos de los clientes obligando a los obreros a acelerar el ritmo de trabajo, como "agolpamientos", tristemente consciente de que quizás no haya sido la mejor elección.

Por lo tanto estoy abierto a que algún lector interesado de habla hispana, quizás con experiencia en trabajos de restaurante y su jerga, pueda sugerirme un mejor equivalente para ese y otros términos.

cica_web@yahoo.com